13 de septiembre de 2015

Arriba (y parte 2)


Cuando la respiración se hizo posible tuvo un segundo para pensar. Vio un cuadro, una imagen, un hombre, era un anciano enjuto con ropa de campesino y sombrero de ala ancha para el sol.

Por alguna razón inexplicable había un retrato de su padre, en esta casa vieja y abandonada por al menos treinta y cinco años. Su padre, ese viejo cascarrabias que más de algún dolor le había causado, literalmente. Recordó una de las palizas que le dio cuando no terminó a tiempo su labor diaria en el establo a la edad de siete u ocho años, el recuerdo fue tan real que incluso sintió la punzada de dolor en el brazo que casi le había roto esa vez. Ahí estaba el viejo, con la mirada serena y distante, seguramente pensando en lo bien que le sentaría otra copa.

De pronto nota algo realmente extraño, más si cabe. Su padre murió hace exactamente un año, un día nuboso como hoy, cuando simplemente esa copa, la que, nuevamente, se había prometido sería la última, le hizo quedar dormido mientras conducía a su casa luego de comprar los repuestos para intentar, también otra vez, reparar el viejo tractor. La zanja se tragó el auto con su padre adentro, los médicos dijeron que no murió con el impacto sino que se desangró lentamente. También dijeron que seguramente se había desmayado y no había sufrido mucho dolor. La vida, y la muerte, es muy injusta a veces; el viejo merecía morir con dolor, de eso estaba convencido.

Estos recuerdos y sentimientos llegaron y se fueron en no más de tres segundos. Inspiró repentina y profundamente y sintió una punzada en el pecho, su cuerpo al parecer reaccionaba como si hubiese estado varios minutos sin respirar. Es increíble que a sus más de cuarenta años los recuerdos de su infancia le afectaran de esa forma.

¿Qué demonios hacía un retrato de su padre en esta casa? El viejo no tenía el dinero suficiente para mantener dos casas, de eso había certeza, sobretodo considerando que esta casa necesitaba mucha mantención, e incluso no era descabellado pensar en requerir uno o dos sirvientes que se encargaran de todo. Quien pudiera mantener esta casa seguramente podía mantener el personal adecuado.

De pronto se escucha un ruido sordo proveniente de no supo dónde. Su corazón se detuvo por uno o dos segundos, cosa que lo hizo volver a la realidad. Con su padre enfrente, aunque fuera en un retrato, estaba seguro que nada iba a salir bien, las historias de fantasmas ahora no le parecieron tan descabelladas. Luego de mirar alrededor y no ver movimiento lo pensó mejor, debe ser mamá ratón quien encara a su esposo por no educar de buena forma al retoño, no pudo evitar cierta envidia.

Intenta dejar de lado estos pensamientos y se concentra en el retrato, aunque está cubierto de polvo se ve que es de muy buena calidad. Fue hecho hace varios años, las arrugas en la cara se ven de forma nítida pero ciertamente no son tan profundas como las que recuerda cuando lo vio por última vez hace ya mas de dos años. Se vuelve a mirar los otros retratos que había visto en las paredes anteriormente, no alcanza a verlos completamente ya que está a pocos peldaños de alcanzar el segundo piso y el ángulo no es favorable, mira nuevamente el retrato que tiene enfrente y decide subir, lo que comenzó como una intrusión de la que pavonearse frente a sus amigos y de la que tal vez podría sacar algunas monedas en provecho, se transformó en el descubrimiento de lo que bien podría ser una vida paralela de su padre, una historia oculta, al menos para él.

Sube los pocos peldaños que faltan para llegar al piso superior, la madera del último de ellos se despide con un chirrido agudo y penetrante. En verdad su padre se ve como un hombre educado y honesto, quien lo creyera.

Una vez arriba mira a su alrededor, un pasillo largo de paredes descoloridas y dos puertas, una a cada lado y un cuadro también descolorido al fondo. Unas pequeñas ventanas en la parte superior de las paredes completan el pequeño paisaje en frente de él. Avanza dos pasos, su corazón latiendo con ritmo suficiente para mantenerlo alerta. Comienza a llover, una lluvia tan fuerte como repentina; a lo lejos se escuchan gritos de mujer, seguramente maldiciendo por la ropa puesta a secar y que sin duda a estas alturas ya estaba mojada otra vez. Dos pasos más y ahora un relámpago se asoma por las pequeñas ventanas superiores, seguido unos instantes después por un trueno que gritaba no muy lejos.

Otros dos pasos y ve asomarse una pequeña sombra al final del pasillo, su corazón se detiene, otra vez, mientras su mente intenta descifrar a qué se parece. Afinando la vista, y con la ayuda de un nuevo relámpago, ve que se trata de un pequeño ratón ¿será el hijo ratón que intenta escapar de papá ratón para evitar la golpiza? El rugido del trueno le hace pensar que si, es el mismo. Siente pena por el ratoncito, y cierta empatía, él también lo pasó mal de niño. Avanza otros dos pasos y el crujir de una de las tablas del piso lo hace detenerse nuevamente, mira adelante y el pequeño ratón sigue ahí, sin moverse ¿será que papá ratón está durmiendo luego de su borrachera y por eso no lo persigue? Apartó el pensamiento y adelantó el siguiente paso. La lluvia era más intensa, lo supo por el ruido intenso que producían las gotas al chocar con el tejado, incluso alcanzaba a escuchar el agua golpeando los charcos en la calle.

Vio un cuadro a su derecha que no había notado antes, era una mujer, se acerca un paso mas y el siguiente relámpago le permite ver el rostro de su madre, paciente y sumisa, con la tristeza asomando en sus ojos verdosos. Recuerda la primera vez que su madre intentó protegerlo, enfrentó a su padre para que no lo castigara, o mas bien golpeara, no logra recordar por qué su padre se había enojado, sólo recuerda que no dijo palabra alguna mientras se acercaba a ella.  A su padre sólo le tomó dos o tres segundos llegar a ella, a su madre le tomó casi una semana dejar de sentir el dolor físico.

De pronto un leve y agudo chillido lo sacó del trance en que se encontraba, mira hacia el fondo del pasillo y ve a mamá ratón, sermoneando a hijo ratón, el ratoncito mira a su madre, luego vuelve la cabeza hacia él y lo mira fijamente. Se da cuenta que el ratón lo mira directamente, sus ojos se encuentran. Sabe que quiere decirle algo pero no puede, mamá ratón lo espera impaciente para que termine su merienda, no quiere que cuando papá ratón despierte se de cuenta que su ración de alimento diario está casi sin tocar. Supo todo eso con sólo mirar al ratón a los ojos, un gélido espasmo sacude sus entrañas, recuerda que de niño le sucedió algo similar. Siente pena por el pobre ratoncito, sabe muy bien lo que le espera, por más que se esfuerce en complacerlo, sabe que papá ratón encontrará un motivo para golpearlo, incluso dejarlo encerrado por varias horas dentro del armario, para que se haga hombre y venza de una vez por todas el miedo a la oscuridad. Lo único que recuerda es que tuvo que obligarse a dormir para que el tiempo transcurriera aprisa y salir lo antes posible. Su padre admiró su valentía pero de todos modos le dió unos azotes para que aprendiera a superar sus miedos solo, ya que algún día él no estará para enseñarle ese tipo de cosas.

Al salir de su ensueño el ratoncito ya no está. Bien por él. Mira a su alrededor y decide seguir avanzando al ritmo de los truenos y relámpagos, cada vez mas cercanos uno del otro, la tormenta con certeza hace estragos afuera, suerte que la casa resiste, al menos de momento.

Llega al final de pasillo. Mira a uno y otro lado y no decide qué puerta abrir primero, mira al suelo y ve el agujero que usa la familia ratón para entrar a la habitación a su derecha, resuelve darles privacidad por un tiempo más y gira a su izquierda. Al tomar el pomo de la puerta siente un escalofrío cuando sus dedos toman contacto con el polvo acumulado. La puerta se abre con el sonido desagradable que tienen las puertas que no se abren en mucho tiempo, lentamente un relámpago se cuela por la ventana de la habitación e ilumina el interior, alcanza a distinguir una cama, con un crucifijo a su cabecera, una mesita de noche a la derecha de la cama con una especie de lámpara sobre ella, el resto son sombras. Decide que no hay nada interesante, su instinto, le dice que debe poner atención a la otra habitación. Retrocede un paso y se gira hacia ella. A lo lejos, desde la calle, siente los ladridos de un perro, como intentando prevenirlo de algo.

Avanza un paso y toma el pomo de la puerta, esperaba sentir el polvo en ella, igual que hace un momento, pero extrañamente, o no tanto, está limpia y reluciente, la siente suave bajo sus dedos. Gira el pomo y empuja la puerta lentamente, se abre de manera silenciosa, incluso pareciera que con facilidad, como si la puerta fuera usada a diario. Piensa en la familia ratón pero descarta la idea por resultar imposible. Lo piensa nuevamente, mira el agujero al lado de la puerta al nivel del suelo, si, descarta la idea.

Avanza un pequeño paso y queda en el umbral mirando al interior, hay algo, vislumbra una pequeña luz en un rincón hacia la izquierda, siente una atracción inexplicable y avanza otro paso, y otro, siente como si alguien o algo tirara de él hacia el interior de la habitación. Intenta distinguir qué es esa luz y un relámpago que se asoma por la ventana un costado mas arriba de esa luz deja ver mejor el interior. Lo primero que ve es una mesita de noche con ¡una pequeña lámpara de aceite encendida! Su corazón se detiene nuevamente. Nadie ha visto entrar o salir morador alguno de esta casa desde hace años, él mismo estuvo al menos cuatro o cinco horas rondando la casa antes de decidirse a entrar, y no había visto a nadie siquiera acercarse ¿cómo podía ser posible? Cruza la habitación lentamente hacia la lámpara mientras nota que la cama está perfectamente hecha, tan estirada que estaba seguro que de arrojar una moneda ésta rebotaría limpiamente.

Mira a su alrededor con algo mas de confianza, ya se ha acostumbrado a la poca luz, y poco a poco los relámpagos le van ayudando a ver un armario viejo pero muy bien cuidado, un pequeño baúl en un rincón, tiene la tapa cerrada pero el candado no lo está, no es necesario dejar los objetos de valor bajo llave cuando se vive solo y nadie se atreve a entrar a husmear, bueno, casi.

La pequeña luz de la lámpara le ayuda a ver, pero otro relámpago le muestra una sombra a su derecha y siente su piel helarse y nuevamente los vellos de su nuca se erizan completamente. Comienza a girar su vista con lentitud, esperando ver la persona que habita ese lugar, que se ha mantenido oculta por sabe Dios cuánto tiempo; sólo espera que no sea un loco con un hacha, tal como en las películas de terror. Ve una silueta extraña, una forma que parece humana pero su intuición le dice algo distinto. Forzando la vista un poco más le permite distinguir la figura con algo mas de precisión. La luz de un nuevo relámpago le permite salir de dudas, es un espejo donde se ve reflejado de manera distinta aunque perfectamente reconocible.

Al verse al espejo reflejado con la forma de un ratón lo comprende todo. Se mira con detenimiento, se toca la cara y se da cuenta que es realmente él. Las manos del espejo siguen los movimientos de las suyas con exactitud, inclina la cabeza a un lado y luego al otro y el espejo lo sigue, definitivamente es él, se ve y reconoce en cada detalle, incluso sus rasgos faciales y su expresión ahora tranquila. Si, se siente tranquilo.

El ratoncito no es real, es su propia vida presentada de forma que su mente enferma pueda comprenderla. El doctor tenía razón, ver su vida desde otra perspectiva, como si fuera un ratoncito, le permite de manera mas fácil aceptar la realidad y dejar los traumas de su pasado . Su padre en verdad fue duro con él, recuerda las palizas y malos tratos, pero ahora es capaz de perdonar todo lo que le hizo sufrir. El viejo no conocía otra forma de hacer las cosas, aunque en su fuero interno quería actuar distinto, tener una forma de vida distinta, representada por esta inmensa y vieja casa llena de lujos, lo mejor para él y su familia, una casa acogedora, una familia acogedora y protegida de las inclemencias del exterior. También es capaz de entender a su madre, quien quiso defenderlo pero no supo el mejor método para hacerlo sin poner en peligro la vida de ambos, eso le hizo recordar las veces que la vio llorar a escondidas luego de cada golpiza que a él le propinaba, y más de una vez también la vio cojeando o con uno que otro moretón que seguramente recibió en su nombre. Se sintió profundamente agradecido hacia ella, falleció hace tanto tiempo que no recuerda cuántos años han pasado, la abrazaría su pudiera.

Su mente ahora está tranquila, ha perdonado a su padre y a su madre, y ahora que comprende mejor las cosas, se ha perdonado también a sí mismo, por haber permitido que su mente enfermara y no haber tomado antes cartas en el asunto.