25 de septiembre de 2016

Amor de café


Intento concentrarme para saber qué ocurrirá, cómo cerraré este capítulo del libro que llevo escribiendo hace algunas semanas, no es gran cosa, pero la trama está interesante y ha dado unos giros que ni yo me imaginaba.
Ya sé que este personaje no debe morir, pero no quedaría mal dejarlo con algunas secuelas que pueda aprovechar más adelante, bajo la tapa del portátil, hago señas al mozo de que me traiga otro café, lo necesito pues no pienso dejar de escribir hasta terminar este capítulo. Mientras, intento distraerme un poco, alejar mi mente de la historia mirando las personas a mi alrededor, imaginándome su vida y situaciones personales: una pareja conversa animadamente, tomados de la mano, anillos en los dedos, sin duda están casados y parece que desde hace un tiempo, a ella le brillan los ojos, los de él tienen una mezcla de asombro y alegría; fácil, ella le ha dicho que está embarazada; a mi derecha veo a otra pareja, conversando sin tanto ánimo pero de todas maneras interesados uno en el otro, la rutina los tomó por sorpresa en su relación, aunque por las miradas que se dan el amor sigue presente; un poco mas allá un señor solitario hojea distraídamente el diario mientras toma su café, sin duda está pensativo más de lo normal, ya veo, tiene la sección de empleo, seguramente quedó sin trabajo, su esposa no lo sabe porque él diariamente sale de su casa a tomar café e intentar encontrar algo; me giro y veo una joven, bastante atractiva, escote provocativo, falda corta que deja ver unas piernas estilizadas, no lleva anillo pero en estos tiempos eso no quiere decir gran cosa, tiene un libro en sus manos que lee ávidamente, se acomoda los lentes y pasa la página, sin duda es una mujer que llama la atención donde quiera que vaya; en otra mesa una mujer con una adolescente de uniforme escolar, seguramente su hija, a la que retiró del colegio para tener una de esas conversaciones de mujer a mujer, la jovencita revuelve el helado con la cuchara distraídamente y tiene aspecto de querer esconderse de todo el mundo, no es una reprimenda porque la mamá no está enojada, sus ojos delatan complicidad y algo de inquietud, quizás por no saber bien cómo enfrentar el tema.
Miro nuevamente a la joven del libro, pasa otra página, levanta su taza de café y la mira detenidamente, como queriendo encontrar el aspecto clave que le ayudará a desentrañar el secreto del libro, el nombre del asesino o quién será la próxima víctima, lo acerca a su rostro, a su nariz, cerrando sus ojos lo huele profundamente, su rostro se relaja, en sus labios asoma una sonrisa, en ese momento, sólo en ese momento, quedo completamente enamorado de ella.