14 de noviembre de 2009

Mi amigo del Forestal

Es mi gran amigo, siempre nos juntamos a conversar en una de las fuentes del Parque Forestal, cerca de su casa. Lo veo acercarse con su llamativo traje verdoso y gorro inconfundible. Esta vez llega atrasado pero no importa porque las charlas con él valen la pena. Nos ponemos a conversar sobre la ciudad, la vida, alegrías y temores de uno, andanzas y desventuras de otro, arreglando el mundo en la hora y media que esta vez dura nuestro encuentro. Al final queda la alegría de saber que la amistad entre un hombre y un duende es posible.

20 de agosto de 2009

Desde la distancia

Ella nos mira desde lo alto. Con su cima blanca como canas, es lógico pues está aquí desde tiempos inmemoriales y la edad nos afecta a todos. Sus faldas, mezcla de verde y gris, son testigos de las aventuras de miles que se le han acercado. A pesar de su tamaño la olvidamos y se hace invisible, pero sigue siendo testigo de nuestro ajetreo diario. La cordillera a veces nos recuerda lo pequeños que podemos ser, y también lo grande que puede ser nuestra admiración por la naturaleza.

26 de julio de 2009

Luna llena

Ya es casi medianoche, hoy la luna llena se ve más grande e imponente que nunca, aún con algunas nubes se ve nítida y en todo su esplendor. Un señor pasa cerca mío y me mira asustado. Una pareja en la vereda de enfrente comienza a caminar rápido en dirección contraria a la mía. Mis colmillos ya están creciendo y mientras camino siento unos deseos irresistibles de aullar.

16 de mayo de 2009

Un nuevo amigo

Todas las mañanas lo veo en la entrada de la estación, siempre las manos cruzadas y siempre en el mismo rincón. Como todos los días me mira despreocupado, como si el tiempo no existiera. Esta vez hace un gesto con la mano, como saludando. Se queda mirándome esperando una respuesta. Lo saludo y esta vez me responde con un meneo de su cola. He ganado un nuevo amigo. Qué simple es la vida de un perro.

6 de mayo de 2009

Ángel

Otra vez atrasado y el Paseo Ahumada lleno de gente. A mi lado pasan trajes, corbatas, uniformes y parece que mi desdicha se refleja en cada vitrina por la que paso. En medio de todos aparece un ángel. Me da la impresion de que nadie la ve o repara en ella. Mira inquieta a uno y otro lado como buscando algo. Se gira y al darme la espalda veo en plenitud sus hermosas alas. Me acerco lentamente, le toco el hombro y me mira sorprendida. Su rostro se ilumina al verme y me dice "al fin nos encontramos, soy el ángel guardián de tu felicidad". En ese instante una enorme felicidad se apodera de mi.

26 de abril de 2009

¿Quién se atreve?

Paseo la vista por las caras a mi alrededor: una joven concentrada en su libro, un señor leyendo el diario. Me doy cuenta que varios nos miramos a la cara una y otra vez, en silencio. Los ojos expresan que quieren iniciar una conversación, pero nadie se atreve a interrumpir el sonido del vaivén. Seguimos cada uno pensando que tal vez otro debería iniciar una conversación antes de llegar a la siguiente estación. La joven da un vistazo a nuestras caras mientras avanza la hoja del libro. Noto que por un instante se une al pensamiento colectivo. Deberíamos hacer algo.

26 de marzo de 2009

Una sonrisa naranja

Saliendo de la estación veo una joven tarareando algo, muy animosa y sonriente. Me doy cuenta que su labios dicen "amo tu sonrisa de naranja" que es lo que estoy escuchando la radio del celular. De pronto me doy cuenta que todos la miran atónitos. Me saco los audífonos; está cantando en voz alta, compruebo que su voz no es de lo mejor; me sorprende su audacia. Me ve a los ojos y sonríe asomando una pizca de vergüenza. Al instante siguiente veo una señora que me mira más extrañada aún. Yo también estoy cantando en voz alta.

6 de enero de 2009

Saludo

El sol se asoma tras la cordillera mientras yo me acomodo a la entrada de la estación. Mis amigos se fueron para encargarse de sus quehaceres diarios. La gente pasa a mi lado sin percatarse de mi presencia. Un joven se queda mirándome, lo saludo con la mano esperando que me ignore como todos, pero me devuelve el saludo también con su mano. Una extraña alegría se apodera de mi. Tengo que reprimir un ladrido mientras mi cola empieza a moverse automáticamente, él me sonríe. Creo que he ganado un amigo.