20 de agosto de 2009

Desde la distancia

Ella nos mira desde lo alto. Con su cima blanca como canas, es lógico pues está aquí desde tiempos inmemoriales y la edad nos afecta a todos. Sus faldas, mezcla de verde y gris, son testigos de las aventuras de miles que se le han acercado. A pesar de su tamaño la olvidamos y se hace invisible, pero sigue siendo testigo de nuestro ajetreo diario. La cordillera a veces nos recuerda lo pequeños que podemos ser, y también lo grande que puede ser nuestra admiración por la naturaleza.

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