28 de junio de 2015

Arriba



La casa estaba vacía, lo había estado durante al menos los últimos 35 años, desde...

Aún así no se decidía a entrar, los rumores sobre ella eran variados, pero todos coincidían en que nada bueno ocurría a los que rondaban por sus cercanías, pero él estaba seguro que quería entrar, probar que las historias eran cuentos para asustar a los niños que no quieren terminar su comida, sin embargo, ahora que estaba ahí, a diez metros, todo parecía distinto.

Se dijo nuevamente que todo era cuento y se acercó a la entrada, subió los escalones y ahora, a un metro de la puerta, sintió erizarse los cabellos de su nuca. Empujó suavemente la puerta, estaba abierta.

La niebla de la calle parecía también estar dentro, la luz que entraba por las rendijas de la vieja casa era escasa pero suficiente para atisbar algunos muebles, una mesa que le pareció inmensa, de unos cuatro metros, hacia la izquierda, a su derecha dos sofás enormes, junto a dos sillones un poco mas pequeños, pero de todas maneras mas grandes que lo normal. Por un momento se sintió como Jack entrando en la casa del gigante.

Luego de dos o tres minutos, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad interior decidió que, por mas que lo intentara, no había escuchado ruidos, ni siquiera de las desvencijadas ventanas resistiendo el viento, recordó que el viento afuera era lo bastante fuerte como para hacerlas sonar, tal vez su imaginación ya comenzaba a hacerle una mala pasada y las ventanas estaban en mejor forma de lo que parecía.

Avanzó el primer paso y la madera del piso delató su presencia, tal vez la casa no estaba en tan buenas condiciones, o tal vez sólo era el paso del tiempo se había dejado caer de forma mas notoria en el piso, después de todo sólo era una casa vieja.

Luego de unos cuantos metros más, con la madera sonando a sus pies, llegó cerca de uno de los sofás, en realidad era enorme, quienquiera que lo hubiera usado calculó que debería medir mas de dos metros para estar cómodamente sentado y alcanzar el suelo con los pies. Mientras hacía esos cálculos algo se movió fugazmente a su izquierda sin que lo viera, pero sin duda lo sintió, giró rápidamente la cabeza hacia esa dirección, todo estaba quieto, en su lugar, al menos eso es lo que parecía. Intentó convencerse de que la sugestión podía ser mala compañía en estas situaciones así que desechó toda idea preconcebida de fantasmas y muertos vivientes, seguramente mamá gata llevando algún alimento a sus crías, o más seguramente el ratón que se había adueñado de la casa estaba haciendo su ronda diaria, lo que no sería de extrañar.

Volvió la vista nuevamente hacia los sillones, eran hermosos, con bellas terminaciones, seguramente con mucha limpieza se verían lujosos y podrían costar una fortuna. Desechó la idea, tal vez cuando terminara el recorrido y comprobara que los fantasmas no existían pudiera hacerse con algunas de las piezas y ganar algunos billetes. Avanzó unos pasos más y llegó a la chimenea, era enorme, con finos detalles en algo que parecía mármol; se imaginó, y no sin razón, que debía ser fácil calefaccionar la casa, por enorme que fuera, con una chimenea así. Nuevamente sintió algo a su izquierda, hacia donde estaba el comedor, forzó la vista y le pareció ver una sombra moverse, miró con atención y vio que el polvo que se había levantado al pisar el suelo ahora estaba jugando con los pocos rayos de luz que venían del exterior, si hubiese venido de noche no habría contado con esa luz, pero de todas maneras lamentó haber olvidado la linterna.

Un golpe lo hizo olvidar este pensamiento, seguramente el ratón había golpeando a su cría por no comer toda su merienda, que tanto esfuerzo le habría costado traer. Es una estupidez, pensó, un ratón no golpea a su cría por no comer, y si lo hiciera no sonaría tan fuerte, un nuevo escalofrío recorrió su espalda.

Cruzó la estancia y enfiló hacia la habitación del comedor lentamente, su corazón latiendo velozmente le dijo que debía tener cuidado, que los relatos de fantasma tienen una razón, un origen, siempre hay algo de cierto en cada historia, por muy inverosímil que parezca. Alguien, algo, una sombra, se movió a su lado, lo vio por el rabillo del ojo, ese que siempre nos alerta que se aproxima un vehículo en la última fracción de segundo antes de cruzar la calle mientras estamos distraídos. Su corazón ahora estaba desbocado, lo sintió latir en cada parte de su cuerpo, sus músculos tensos comenzaron a dolerle pero no les hizo caso, no saldría corriendo por culpa de una cría de ratón que no tenía hambre.

Giró la cabeza hacia la derecha, donde había una mesita con bordes que en algún tiempo fueron dorados y que servían para no dejar caer la vajilla mientras se traía o retiraba de la mesa. Iba a pensar en otros cuantos billetes pero fue interrumpido por un sonido que provenía del techo, no del techo, en realidad provenía del segundo piso, fue una voz, un quejido, como un susurro imposible de escuchar, sus vellos se erizaron instantáneamente. Luego de dos segundos, que le parecieron 20 minutos, recordó respirar; al mirar hacia arriba calculó que la habitación tenía por lo menos tres metros y medio de altura, algo extraño considerando que la casa completa desde fuera se veía de no más de 5 metros de altura, y era imposible que el segundo piso tuviera sólo un metro y medio, sin descontar vigas, soportes y el propio tejado, claro que otra explicación era que la luz insuficiente le hiciera calcular de manera equivocada, pero en su interior no lo creía.

En vano intentó calmarse, sólo pudo relajar los músculos lo suficiente para poder moverse, decidido a llegar al final del recorrido se acercó a la escalera al fondo de la habitación, iba a averiguar si el segundo piso era morada del resto de la familia ratón, tal vez sus abuelos o algún primo.

Ya frente al primer peldaño, volvió la vista, en este ángulo y con la vista mas acostumbrada, la luz permitía distinguir los cuadros en las paredes, algunos de personas y otros de paisajes campestres, ciertamente la casa era tan antigua como se decía. Mirando nuevamente hacia la escalera subió el primer peldaño, no hizo mas que poner la mano en la baranda para que las telarañas la hicieran retroceder velozmente, como si hubiese estado al rojo. Otro escalofrío recorrió su espalda casi a la misma velocidad con que quitó la mano. Se la limpió en el pantalón y subió el segundo peldaño; al tercero sintió el crujir de las maderas bajo su pie, luego de respirar, se dijo nuevamente, sin mucho convencimiento, que era sólo una casa vieja. Así avanzó peldaño a peldaño, crujido tras crujido hasta que el borde del piso superior quedó a la altura de sus ojos. Alzó la vista y lo que vio le hizo palidecer, su espina dorsal se congeló casi al instante, sus músculos se tensaron tanto que casi se rompen como rocas golpeando unas con otras, un grito ahogado no alcanzó a salir de sus labios, sus pupilas se abrieron tanto que parecían mas grandes que sus propios ojos. Ya no habría oportunidad de ganar esos billetes, y la familia ratón seguirá viviendo tranquila, excepto por su cría maleducada.


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