11 de octubre de 2015

La obra máxima




Escritorio, lámpara encendida, computador emitiendo un leve zumbido, diez y media de la noche en la oficina.
Sentada mirando la pantalla, el texto de 1643 páginas está listo, es un borrador bastante completo, el mejor que ha hecho en su carrera en años, sólo que no encuentra un nombre adecuado, el procesador de textos se niega a darle una pista, ¿es que no existe una mísera idea rondando por su cabeza? ¿aunque sea minúscula? ¿una palabra?
La clásica historia romántica del estilo príncipe-princesa, con una bruja moderna y todo. Es una idea excelente y el nombre que ideó -La nueva princesa- mientras maduraba la trama en su cabeza se le hacía ahora demasiado simple, una obra escrita de manera tan acabada no puede llevar un nombre tan insulso... pero ella está ahí, frente al computador, enfrascada en cómo titular adecuadamente esta obra.
Piensa en todo el tiempo que ha pasado para poder concretar la idea, consultando amistades, pidiendo opiniones de expertos y de gente sencilla, pasando noches en vela queriendo tener en cuenta todos los puntos de vista para abarcar toda clase de público. “Una historia para grandes y chicos” se dijo desde un principio.
Dejando de lado todo pensamiento poco a poco su mente va quedando en blanco, tal como lo ha hecho otras veces cuando se atasca en una idea, su respiración va siendo cada vez mas lenta y profunda, esperando que las ideas lleguen por sí solas, relajando sus músculos uno a uno. De pronto un ¡Riiiing! la hace saltar y casi caerse de la silla. “¡Maldito celular!”. Contesta y es su editor preguntando cuándo terminará el borrador, ella, exasperada cual Miguel Ángel, le responde “¡Cuando termine!”, y en su arrebato casi se le cae el celular al intentar colgar el llamado mientras lo deja en el escritorio. “Suficiente por hoy”, se dice.
Respira profundamente y toma sus cosas, saca el pequeño y algo rayado espejo que trae en la cartera y se mira rápidamente. “Tal como una princesa”, piensa. Guarda el espejo y saca las llaves del auto, rezando para que esta noche no falle nuevamente. Apaga el computador, la lámpara y la oscuridad la incita a mirar por la ventana el paisaje de edificios descoloridos que le bloquean la vista. “Si esto termina bien podré comprar la mejor oficina de la ciudad”, se dice en voz casi inaudible.
Apenas hace andar el motor decide que llegará a casa a tomarse un bien merecido trago, de esos con aceituna y todo que le encantan. Mientras piensa esto algo hace click en su interior, acaba de encontrar el nombre perfecto para dar el toque final a estos meses de sudor y lágrimas, se siente feliz con la idea, es sencilla, fácil de recordar y pega muy bien con la historia. “Listo, el trago será doble”.
Al día siguiente, ya de vuelta en la oficina, enciende el computador, abre el texto y en la primera página escribe el nombre que pensó la noche anterior. “¡Es perfecto!” se dice sin poder quitar la sonrisa de su rostro. Mientras llama a su editor mira nuevamente la pantalla y más se convence del buen título que ha elegido.
- ¿Aló? Si, soy Pau, tengo listo el borrador, aunque tengo la sensación de que será el definitivo, pasará directo al productor.
- ¡Excelente! -dice una voz entusiasta al otro lado-, mándamelo en cuanto puedas, las conversaciones con los actores ya están avanzadas; la actriz de teatro que te mencioné para el papel principal, Mariana, está entusiasmada con la idea de aventurarse al séptimo arte; las locaciones principales están contratadas y tenemos avanzado lo del vestuario, aunque sabes que todavía falta mucho por hacer.
- Bien, te lo mando por correo ahora, adiós.
Cuelga el teléfono con una sonrisa más amplia aún.

Unos meses más tarde está todo listo para el estreno de la película, la mejor de su carrera. Aunque es una película de bajo presupuesto una alfombra roja la recibe con honores mientras ingresa al cine; actrices, actores, el equipo de producción, todos, hasta el más mínimo operario está invitado. Los corresponsales de los canales de televisión más importantes del país están apostados por todo el edificio, esperan cubrir todos los aspectos de tamaña entrega. Una vez dentro del recinto muchas personas se acercan a felicitarla aún sin haberse proyectado la película, se siente en la cima del mundo.
Toma asiento en uno de los lugares preferenciales, admira cómo el público asistente no deja de dar vueltas y conversar. Ella decide que mejor se quedará sentada, aprovechar el par de horas de que dispone para descansar los pies, que desde hace una semana están matándola de tanto ir de aquí para allá ayudando a afinar los detalles del estreno; luego, en la fiesta de celebración, ya tendrá tiempo para seguir maltratándolos. Desde su asiento escucha a la gente dar sus opiniones sólo en base al único trailer que se preparó, en principio pensó que era una mala idea, pero luego el director dijo que eso crearía más expectativa sobre la película y había tenido razón. Todos hablaban de ella, incluso habían comentarios en otros países en donde esperaban que pronto llegara a sus salas.
Alcanza a divisar a Mariana, su interpretación de princesa es excelente, y aportó muchas ideas brillantes para el personaje. Es una mujer sensacional con una personalidad extraordinaria, hicieron muy buenas migas durante estos meses. La ve conversando alegremente con todo el mundo y está segura que llegará a ser una estrella reconocida mundialmente.
Poco a poco baja la intensidad de las luces, la gente comienza a acomodarse en sus lugares, el silencio va poco a poco inundando la sala, mientras el telón se desplaza lentamente y va dejando al descubierto la gigantesca pantalla que le abrirá las puertas para consolidar su éxito.
La sala ya está iluminada solamente por el resplandor de la pantalla, el público está ansioso esperando el inicio de la proyección, el silencio expectante es tal que cree que todos escuchan los latidos de su desbocado corazón. De pronto una leve música, unos cuantos acordes invitan a los espectadores a poner atención, luego, de las cuatro esquinas de la pantalla comienza a aparecer, desde fuera hacia dentro, el nombre de la película, una única palabra que se mueve al ritmo de la música y finalmente se detiene al centro, la palabra “eMcantada” queda titilando con destellos de colores y adornada de estrellas. Comienza la función.

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